14.7.08

Life is cruel and terrible.

ESTRAGON:
(giving up again).
Nothing to be done.


Why the big game? One day up, the next down. It’s a wonder people aren’t running through the streets, screaming, shooting guns into the air, shooting guns at each other. I went to sleep happy, and woke up horrified. Again, fooled. Lied to. Cheated. Scammed. The minute you think you can relax, let down your guard, you can’t, you just can’t. What the hell was I thinking? I should have seen it coming. She smiles at him like nothing’s happened. Good for her. Dammit, the first time I saw her I knew it would end horribly.

Happiness = Sadness. Ad infinitum.

I want, I need, I ache so much that it’s killing me. I’m already dead inside. Hollow. Empty. Gone. I don’t want things from people, reminder, souvenirs, photos. Pain. Nothing but pain. That’s what I feel when someone gives me something. Even a compliment. It cuts me like a stinging exacto blade, straight up the gullet. Please stop it. Stop paying attention to me, stop being kind to me, stop wanting me. Everyone always wants something these days. I look at the neat little hole I’ve dug and I just want to crawl inside, cover myself in warm dry crystals and just stop. Stop breathing, stop thinking, stop hurting, stop wanting. I’m scared. I’m cold.

I envy you, the worst is over, now there’s nothing but rot and rebirth. Rot and rebirth. A new day, more want, more pain, more agony, more death. Where does it end? It doesn’t end. An eternity of confusion and uncertainty. Vertigo. I feel like I could just blow away. I wish I would. The brilliant sun is lowering, it stings my eyes but I like it. I’m shaking. I must look horrible; I know that when I cry my face goes all puffy and my nose and eyes turn shiny red. I don’t care, let everyone see the wreckage, the horror, the horror. I’ll walk all the way back down and when I land I have a sneaking suspicion there’ll be more drugs & drinking. And trouble. Isn’t there always?

11.7.08

Eine Isolation

Nadie ha encontrado
ni encontrará jamás.
Voltaire


Como siguiendo sus limitados pasos bajo un cielo frio repleto de gris se encontró de pronto en un pequeño parque repleto de individuos como él; tan distintos sin embargo, satisfechos, enérgicos, casi felices. Su accidentada presencia parecía pasar inadvertida. Quizá era la regla pensó efímeramente. No lo sabía, ni tenía fuerzas para averiguarlo. La soledad el bien sabía no era un aislamiento oscuro en el rincón de algún cuarto, no, la soledad significaba algo más concreto y aterrador: estar siempre entre los demás y comprender la futilidad de las palabras y los gestos. Eran esas sonrisas forzadas tan dolorosas cada mañana, la risa insoportable e incompresible en otros, ese convencerse día a día que el mundo se constreñía a una esencia y a una norma: su propia e insoportable existencia. La soledad era el mismo.

Encontró no muy satisfecho una banca -dura, insensible, muerta- y se dejo caer sin mucho convencimiento en ella. Así eran las cosas: terribles e inhumanas, indiferentes. Nada se podía hacer. El hombre no estaba hecho para el mundo. Pero el ahí estaba, solo y abandonado, y los minutos pasaron. La noche se podía intuir fácilmente, el parque se encontraba vacío, casi desolado. ¿Cuánto tiempo había transcurrido? Lentamente se recupero de su letargo, podía sentir su muerte intensa y profunda, pero la sabía tan lejana aún.

-Una existencia más- pensó -buena pifia-.

Miro a su alrededor indolentemente y con sorpresa advirtió una libreta seguramente olvidada. Hojeo entre sus páginas y leyó:

La consciencia de nuestra imperfección nos vuelve infelices.

Detritus.

Una incómoda sensación le embargo. No habría clemencia ni piedad para el hoy.

Mañana, tampoco. Llovía.

22.3.08

Sui Caedere

*Lo que aún me apega a las cosas es una sed heredada
de antepasados que llevaron la curiosidad de existir hasta la ignominia.
E/Cioran.

Sin significado, sin importancia, perfectamente irreal y perfecto en sí mismo. La renuncia es la única variedad de acción no envilecedora.

Perfect detachment is without regard, without either lowliness or loftiness to creatures; it has no mind to be below nor yet to be above; it is minded to be master of itself, loving none and hating none, having neither likeness nor unlikeness, neither this nor that, to any creature; the only thing it desires to be is to be one and the same. For to be either this or that is to want something. He who is this or that is somebody; but detachment wants altogether nothing. It leaves all things unmolested. [Meister Eckhart]

Desapego. Palabra prohibida para el común de los mortales. La vacilación ante todas las evidencias es permanente; la ambición (la esperanza) inextinguible. Quisiera desaparecer, gradualmente, pacíficamente, sin funerales ni lágrimas, sin causar dolor ni controversia, pero es imposible; el régimen exige un mínimo de dolor y sufrimiento. La muerte, como todo, no está exenta de esa cualidad ubicua de la existencia: He de desvanecerse en el rojo de la sangre y en lo inconsolable de los sollozos. Sabiéndome egoísta y cruel, causando una impresión desoladora, y triste.

La traición del suicida pesa sobre cada uno de los mortales enormemente, es la desaprobación, la imprecación del mundo que ellos profesan y avalan. Recordatorio infausto y fúnebre de todo verdadero destino. ¿Por qué tantas divagaciones? ¿A qué se debe esa cobardía, esa perpetua postergación de lo impostergable? Morir sin más, sin toda esa farsa que involucra vivir una vida, esta o cualquier otra, esa misma vida que cada hombre vive siempre. Raíces hondas de ese pensamiento profundo repulsivo y grotesco del eterno retorno se asientan en mí. ¿Qué crímenes tan terribles e inexcusables cometí en mis otras vidas para nacer en esta? Soy, pero a un costo muy alto: seguir consumiendo. Mi vida como tal, -si aceptamos todo misticismo puro (budista, cristiano, hindú, etc.) que pregona la supresión del deseo- no se dirige hacia la perfección absoluta hacia la liberación, en cambio parece por el contrario que alcanza grados más abyectos, dirige su curso hacia la degradación: indiscutible termino de cada vida. Existen los santos, dicen. Nunca he visto uno. Instantes de santidad, quizá, pero nunca al termino de los efectos de ese éxtasis que se consume, de esa ilusión intoxicante. Además en general, como en toda embriaguez, los efectos se redujeron a un individuo, a mí, los otros permanecieron inmutables tan desagradables como siempre.

En este preciso momento merezco morir. El odio que experimento es insoportable. Contengo como todo ser dos facetas antagónicas e incompatibles; por una parte preciso del amor eterno, por otra aborrezco de él. Defiendo las causas más puras, solo para cometer las acciones más envilecedoras después. El santo más puro esconde en si la maldad más sublime. El amor más pulcro contiene dentro de sí al odio más brutal. Cuestión del Ying y Yang. Equilibrios incompresibles. En mi caso la ponderación se muestra perceptiblemente inclinada hacia un lado. De el sufrimiento como camino a la perfección: toda irregularidad, todo desequilibrio debe desaparecer. Pagando claro.

No moriré hoy. Soy, como Cioran* dice, ese heredero de la necesidad de mi especie que busca vivir hasta los límites de la infamia.

16.2.08

The lost innocence.

Parodia siniestra e ilustre,
de aquel Cesar con alma de Cristo Nietzscheano,
por Cioran>
Judas con alma de Buda.

Una vez reconocida la cepa de la degradación y la maldad en un nuestra persona, todo está perdido. La culpabilidad recae sobre uno y sobre nadie más. Suponerse nacido diáfano e inmaculado es un desvarío intelectual; La ilusión de una inocencia perdida es siempre una especulación banal y perversa. Utopía por excelencia, dirige nuestros esfuerzos hacia la virtud y hacia el bien. No obstante ninguno conoce y/o comprende el concepto, tal como con Mefistófeles que procurando hacer el mal, hace el bien; nosotros, ciegos al orden cósmico, procurando lograr el bien, forjamos el mal.

Todo acto es una modalidad del egoísmo. Manifestación concreta y extrema del comportamiento humano, formula su esencia. Me defino por mis actos, -incapaz de transformar mi naturaleza, me limito a ella-, y procedo de acuerdo a mi carácter.
Libertad de arbitrio, individual. ¿Hasta que limite?

Mis jornadas –agotadoras e inútiles - se rigen por mis inclinaciones. Inconsciente de mis cualidades me conformo a partir de ellas. Pulsaciones ocultas revelan instante a instante mi destino; innegable e insulso.

Why is it that, in spite of all the mirrors in the world, no one really knows what he looks like? *

Perdido el sentido de libertad, abandonada toda posibilidad de cambio, basta esperar (o conformarse con) una muerte placida y laxa. Atonía del determinismo.

The curse of vulgarity puts men on a par with the lower animals, by allowing them none but a generic nature, a generic form of existence. *

Una vida de soledad, carente de genio y de dulzura, eso me espera. Tosca y ordinaria, plagada de bastos y simples menesteres. Además, el conocimiento de mi culpabilidad: aferrándome ciegamente a algo que no me explico; avalo aquello que me transtorna; afirmo mi enfermedad.

-¡Hacia adelante!, sin miramientos- Exclaman. Hace tanto que han (que he) extraviado el rumbo. Se necesita de ingenuidad para sortear adecuadamente todo inconveniente. Idealismo y esperanza, bastante voluntad, e ingentes cantidades de convicción. Ante todo: certeza ciega: fe. Fe en la nada, estupidez deliberada y concisa en la nulidad. Un anhelo más allá de la vulgar ambición, una aspiración modesta y precisa, exacta hasta lo matemático que busque la esencia de la no-esencia. Una fe, carente, libre de creencia: La mirada omnipotente y astuta de un santo desengañado, el temperamento de un personaje beckettiano.

*Schopenhauer

28.1.08

Psicópata.

(Del griego psyche: alma, mente +
pathos: dolor, enfermedad, sufrimiento)

En un principio, pensamos para evadirnos de las cosas;
después, cuando hemos ido demasiado lejos,
para perdernos en el pesar de nuestra evasión...
E\Cioran.

Camino solo, sin rumbo. Soy el hombre más feliz por siempre jamás. No importa ya nada. En mi pueblo existía una vieja creencia: Si lo tienes, repúdialo, si careces de él, deséalo. Hay un libro abierto en un llano frente a mí, lo abro aleatoriamente mientras miro las embaucadoras imágenes, y leo:

…se abandonan sin muchas divagaciones a la indolencia y al conformismo. Resisten un poco, solo para ceder más tarde.

Mi inteligencia: proceso creativo de insospechados y desagradables efectos: La ilusión del ego: divinos dones se asientan en mi. Ahora lo asumo y lo poseo; el suplicio rumiante de mi penitencia es mi lucidez. Suficientemente perspicaz para comprender, incapaz sin embargo para (no) actuar, soy demasiado incompetente para asolarme como timorato hostil y roñoso. Tal como diría Calvino, Dios creó el paraíso solo para una élite ínfima, el infierno para todos los sobrantes. Divinidad inclemente e implacable, de arrebatos, de exigencias arrogantes y laudables. Mi mesías, demiurgo redentor más conveniente que nunca para la adoración y la zalema; excitante y pasional; Yo, esa abundancia redundante e infundada, inagotable. No trates de ser y serás, reza un proverbio maldito. Apodíctico evidente. La subsistencia consiste fundamentalmente en lograr reducir las necesidades a lo minúsculo o a lo imperceptible. Proceso inútil y simple. Nimio.

Justificar nuestra existencia no en un plano ya metafísico, sino al menos en el vulgar y corriente orden social presente, es en toda instancia una cuestión imperativa, y difícil sin embargo. Ante todo, ser ético. Más vale la muerte, a una vida pobre y miserable, frecuente y prosaica. Antes no vivir, a aceptar la podredumbre impuesta por una realidad sórdida en sus haberes. El suicidio, un acto trivial por sí mismo, representa la desesperación, el hambriento deseo de nulidad y a la vez de trascendencia, de liberación. Decir, sí, a un instante de la existencia, es afirmar la existencia toda; Cabria agregar además, un solo momento osado es también suficiente para maldecirla completa.

Progreso, enuncian. ¿Pero cómo? Todo conspira en mi contra. Nuestras vidas, siempre disimuladas, y sin embargo patentes, transcurren todas hacia un solo punto. Hay primero que convencerse de una importancia, dejarse engañar, adoctrinarse. La ordenanza es inapelable: Toda tradición es incuestionable e indiscutible. Lamentablemente lentamente los días transcurren, uniformes y sin una triza de certidumbre. La costumbre no sirve sino para propiciar la desidia y la miseria contenida en cada uno. La apatía se erige como virtud. No vislumbramos nada, empero profesamos todo. Un ensueño, una ofuscación, una apariencia; ´El valor de la existencia descubierto en el mero acto de resistir´ dijo Camus ya hace tiempo, patético residuo de nuestra complacencia. Persistir, vil y llanamente, tal como al principio con la primera bestia. Partamos de la premisa de la supervivencia y la reproducción…

Estoy destrozado, hecho mierda. Mi cuerpo decae y con el inevitablemente mi (supuesto) espíritu. Y no importa, en verdad que no importa, dadas las peores condiciones, el humano, empero sigue deseando. Cretino anonadado por imprecables ansias, no acredita la compasión, sino la lástima.


We're done. The Zeitgeist in our era is ennui.
After all the screams halt, there was only silence... A tout steady silence that hasn't dissapear since then. I think we are not simply deaf by now, we're dead too, and leading human race to madness. Rags of flesh cling from our bodies. We are an waful throng of stale swollen carcasses. We'll be trampled to death by our jaded senses exhausted of non-achieved hope. Now, just emaciated nonentities roam Earth looking for the rotten rubbles of life. Desolation is baffling the tattered-worn survivors that hide in the dreary nooks of unconsciousness. Drugs and coldness that's all we need. In an outburst of vigor we shall have strenght enough to kill ourselves.


Y es la voz, esa voz, en mi cabeza aquello que me atormenta. Soy yo y nadie más. Verdugo y mártir; y así como en aquella sombría voz poética de Baudelerie: soy la herida, y el puñal.

Esa multitud allá fuera. ¿Es que soy tan débil? Si. Si lo soy. Nada, más que odio y melancolía se asienta en mí. Tristeza y engreimiento, eso me conforma. Y el rencor; esa amargura por el desengaño y la desilusión, tan profunda, fatal. Quisiera levantarme, lamentarme, y llorar; pero no puedo, me conformo con el reproche inútil. El quejido molesto y lastimoso de un ser endeble y enfermo. Y el forzoso aborrecimiento…

Por supuesto no soy inconsciente de mi condición actual: Una irrisoria situación me atormenta. Incapaz de satisfacer mis deseos, traduzco esa insatisfacción en aversión, en tirria, en desprecio. Esta situación se repite interminablemente en cientos de hombres. Entonces ¿en donde radicaría mi originalidad? Repitiéndome incesantemente esa pregunta, no sólo descubro una desagradable e incómoda verdad, -la vulgaridad de mis sufrimientos-, además me reconozco fútil, innecesario. La necesidad de placeres, y su búsqueda, su obtención en los sitios, en las situaciones más inmundas e inconcebibles. Y ese apetito grotesco a pesar de todo.

Sobraría decir que los placeres que experimento son tan risibles como mis aparentes sufrimientos. Nunca me he propuesto asceta, carezco de las cualidades necesarias para serlo. Empero estoy bastante consciente de las trampas y peligros de desear, de sus consecuencias. Más instruido en los tormentos y pesares del deseo, ignoro la agonía del no-deseo. Sobre esta perspectiva me establezco en igualdad con los otros bajo una posición sin embargo diferente. Adquiero mi vanidad en calidad de visionario de lo absurdo y de la indiferencia (perdida), y me delecto en la meditación infausta de la desgracia e indigencia humana, en el análisis de mi mismo.

El principio de placer, según Freud, regula el decurso de los procesos anímicos por medio de una evitación de displacer o una producción de placer, esto es la cantidad de excitación presente en la vida anímica: el displacer corresponde a un incremento de esa cantidad, y el placer a una reducción de ella. Mi gozo y especialmente mi malestar se reducen entonces a una fórmula: vitalidad excesiva. La ausencia de estímulos es placer máximo.

Perfecciono mi odio, sistemáticamente, sin prisas. Un homicida nace en mí. Quisiera asesinar a alguien, o a todos. Destruir y destruirme en un arrebato de clarividencia. El suicidio siempre la opción más fiable y estéril…
Por supuesto todo esto es jactancia inmodesta. Ya dijo alguna vez Schopenhauer:

"Imaginad suprimida la fuerza pública, sea, quitado el bozal. Retrocederíais con espanto ante el espectáculo que se ofrecería a vuestros ojos; espectáculo que cada cual se figura fácilmente. ¿No basta esto para confesar cuan poco arraigo tienen la religión, la conciencia, la moral natural, la bondad y el amor humano, cualquiera que sea su fundamento?"

Hay miles (o millones) como yo recorriendo, taciturnos, las calles, a la espera más o menos prevista del momento indicado. Es menester ya solo que la desesperación desborde, y que la sangre corra.