Tantas vidas ocultas, sueños y desesperaciones, victorias y traiciones, pasados y futuros, olvidados y permanentes sin embargo en el tiempo.
15.12.15
14.12.15
Slow Decline & Rising
Life flows, from one to another, as a ephemeral breath, that passes away, warm, full of vitality, and fading away, just as a new impulse arises.
4.8.13
7.7.13
7.8.11
Scraps d'une vie.
20.2.11
das Wechseln
So... you are moving forward, isn’t it?… I mean you’re impelled to do it, you got no option: You go on as time goes on. And that’s it. You are fooled encore. Just d’habitude. You never get enough time to grasp it. It’s banal, ephemeral. You might feel on comfortable mood, but really… You are not but scared, confused. Build some confidence, pretend to do so anyway. No matter what, at the end of the day you shall know that without those revolting conventions of life… you might be, well, pretty fuck-up.
Dopamine
6.7.09
lucidité
Et cette sensation autant comme elle si intense, elle est aussi non-démontrable, et donc douteux.
22.3.09
Lessness.
Observa bien y hallaras el vacío, y entenderás que dentro de ti no hay nada, sólo ausencia. No existes, no eres. El universo sigue sus reglas, incomprensibles. No puedes entender. No lo intentes. Subsistes, permaneces sin más. Atrapado. Otro animal, uno más. El juego continúa. Satisface tus necesidades y observa> sigues vacío. Insatisfecho. El tiempo avanza, y existes en el mismo instante siempre: el presente irreducible. Y tu pasado es el mismo. Siempre. Las mismas palabras, las mismas voces, los rostros todos iguales. Y la muerte. Sensaciones. Percepción. Observa tu final, es inevitable. Disfruta y maldice. Sigue tu camino, confía en tu suerte. Consuma tu castigo y vaga en la eternidad eternamente. Eres un espectro, un fantasma. Nunca has existido y sin embargo estás aquí. Tú y tu soledad. ¿lo ves? Nadie más. Gestos, gritos, desesperación. Ausencia. Movimiento y locura. Todos, intentando razonablemente intentando. Pretendiendo. Todos tan vacíos, todos muertos. Sombras. El infierno es aquí. Ahora. Disfruta. Recuerda tu inocencia perdida y maldice. Recuerda. Recuerda: Tu existencia se desvanece por fragmentos en el olvido. ¿quién eres ahora? ¿quién has sido? Responde o calla. No hay diferencia, la mecánica celeste es ciega a tu destino. Vicisitudes. Procesos contrarios. Confusión. Caos. Dolor y placer. Observa: tu piel envejece, tu cuerpo decae, la voz en tu cabeza –tu individualidad- se hunde y degenera. ¿Aún anhelas? Recuerda>La esperanza es el castigo de los dioses.
19.3.09
the beauty of nothingness
21.2.09
El Principio de Incertidumbre.
Schopenhauer.
Obra en un acto.
Personajes>
Una niña.
Un niño.
Atardecer. Un bosque, en la cima de una montana, el viento golpea de lleno.
Einen kind - Estamos perdidos, ¿te das cuenta?
La niña sonríe y le observa.
Einen kind - Perdidos y cansados. ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿lo recuerdas? Yo no. El paisaje es hermoso. Aunque ahora eso no sirva de nada.
Silencio.
…
Einen kind - El mundo es frio y gris, perfecto. Todo exceso es abominable.
Ein kid - ¿por qué dices eso?
Einen kind - No lo sé.
…
Ein kid – Observa.
Ein kid – No lo sé.
Einen kind - ¿Esperanzas aún?
…
Ein kid – Eso creo.
Alguien ríe.
…
Ein kid – El frio es fascinante.
Einen kind – Sí, yo lo sé.
Ein kid – Y terminara con nosotros quizá.
Silencio.
…
Einen kind - Mira una flor.
La niña voltea.
El niño se acerca y corta el tallo. Se aproxima a la niña.
Einen kind - La muerte es la mejor alegoría del amor. Toma.
11.2.09
lohw.
8.1.09
Dysphoria.
El impertinente escándalo de la alarma del reloj me despierta. Abro los ojos y la luz me ciega fugazmente. -Una vez más estoy aquí- pienso, - casi se podría creer en la causalidad de las cosas-. Tardo un tiempo en levantarme, me parece un trabajo atroz una eternidad, pero lo consigo. Una dolorosa sacudida recorre y castiga mis intestinos; algo como un vacío. -Debe ser hambre- me digo en voz alta para acallar el sonido, mientras me dirijo indolentemente al baño. Paro, miro mis ojos en el espejo e inevitablemente recuerdo esa mentira tan dulce que me hace proseguir con vida, resistente -y a pesar de todo-, desecho. La muerte fluye agradablemente en mí, invadiendo lenta pero firmemente mi cuerpo, secuestrándome a una existencia de resignación e indiferencia. Observo esos ojos opacos y los aborrezco. (And yet I hesitate, I hesitate to... to end). La evidencia es irrefutable: mea maxima culpa. Existencialismo puro. Me preparo para otro día, uno menos, mientras realizo todos esos detestables movimientos tan necesarios empero para proseguir. Mientras me alejo de mi reflejo, la vaga idea de que quizá no recuerde mi rostro hasta el instante mismo de volver a estar frente a él, tiene (al parecer) un efecto positivo en mí. Salgo como animado de mi apartamento y camino confiado hacia mi ineludible rutina autómata.
Amanece. Poco a poco la humanidad se despierta de su letargo. Es temprano aún pero no tanto. Los pájaros ya no asolan el ambiente con sus chillidos llenos de sufrimiento. Yo permanezco impasible (creo). El movimiento cada vez se vuelve más frenético, más brutal, puedo ver caras repletas de insatisfacción y goce. Es ineluctable. Las calles se llenan prontamente. Ruidos y olores (¿hedores?) colman mis sentidos. Recuerdo vagamente una afirmación de Freud> la ausencia de estímulos es el placer máximo. Tengo la oportunidad de olvidarme de mí momentáneamente. La fisonomía de mis congéneres describe las más variadas degradaciones. Perdiéndome en el anonimato de la multitud olvido convenientemente mi existencia. El ímpetu es sin embargo pasajero, la gente se precipita hacia el interior de las construcciones. Yo, debo seguirlos negligentemente a pesar de todo.
Una vez dentro en alguno de los muchos edificios, me distraigo en alguna de las muchas faenas. -Mi vida es un simulacro una farsa- me digo a mi mismo -no importa donde me encuentre ni que haga-, y con tan certera infalibilidad comienzo mi jornada. Otros me observan, se acercan, saludan. Mi espanto debe ser evidente, me encuentro en el infierno. Nunca he gustado de las mañanas. Solo me queda un recurso: sonrío, y mascullo algunas palabras confusas. Eso los tranquiliza, -no debo de ser peligroso- se afirman mecánicamente. Pierdo rápidamente su interés. Tras esto cada quien se concentra en su farsa personal y propia. Algunos la comparten. Los miro con reservas, desconfiado. Y sin embargo en un lapso no muy largo me uno a ellos. Es más fácil soportar a los otros que a uno mismo, diría Schopenhauer. Soy prosaico. Es sencillo serlo. Se comienza por hablar (todo lenguaje es un exceso de lenguaje) emitiendo sonidos extraños por la boca y la garganta y luego sin decir nada se capta la atención del otro. El mensaje no importa, igual no hay comunicación. Lo importante es hacer ruido y matar el tiempo. Es un juego divertido. Casi un deporte. Los alemanes llamaban deporte a algunos de los castigos impuestos a los judíos. Y al placer en el dolor del prójimo le nombran: Schadenfreude. Un concepto interesante. Esta es la forma en que utilizamos las palabras. Incoherentemente. El habla sigue un patrón exponencial, comienzas departiendo unas pocas necedades y terminas emitiendo estupideces descomunales, y riendo, con ese tipo de carcajada estridente que deforma el rostro y le dota como de cierta dignidad pedestre y grotesca. Es como estar ebrio. Es por eso que me mantengo taciturno la mayor parte del tiempo. Y aún así mi mente me traiciona. Las palabras aparecen en mi cabeza tan (o más) estúpidas que antes. Los budistas dicen que es como tener un sucio mono fastidioso, escandaloso e insistente dentro de uno mismo. Esa voz. ¿No será mi demencia? Nadie más puede escucharla, eso es seguro. Pero todos perciben una propia, esa es la regla. No hay de que alarmarse. Quizá todos estamos dementes, quizá eso es lo normal. Eso me alivia. Pero no me siento bien por mucho tiempo.
Enfrente de mí se encuentra este tipo> Tez blanca, cabello rubio, mirada estúpida, unas 6’3”, 200lb. En conjunto no es muy interesante. Es mi superior, su nombre es Marco creo. Le llaman La Mole. Es blando y suave, con piel rosada, todo él es furia y sadismo. Creo que vocifera contra mí. Algo importante debe traerse entre manos. Alcanzo a entender que desea mi trabajo. Claro, para eso me pagan, por eso estoy aquí, ahora lo recuerdo. Un buen simio apropiadamente entrenado lo haría mejor que yo. Hay muchos afuera. Debo ser precavido, sin embargo no es muy complicado. Si algo he aprendido bien es que nada es demasiado difícil con suficiente práctica. Quizá ser matemático. Entrego algunas de las interpretaciones de las series de Pfund del infrarrojo y el análisis del espectro RMN que me encargo, con un informe bastante completo, uno impecable. No le satisface. Ese es su trabajo, ser quisquilloso, no mostrarse fácilmente satisfecho. Siempre debe exigir un poco más de sus subordinados, sus jefes le observan. Invento algunas excusas no muy convincentes pero difícilmente disputables para calmar su ira. Soy bueno en ello. Ahora el me observa, me siento incomodo. Arguyo no se que desbarro sobre el clima y lo guapa que esta la nueva ingeniera de la sala F. Eso termina por convencerlo. Regresa por donde vino un poco desconcertado, me parece escuchar un gracias. El desdichado descargara su cólera con algún otro pobre diablo, uno desprevenido. Casi siento lastima por él.
Es evidente que es más fácil conocer a alguien mirando sus facciones que escuchando sus palabras y diatribas. Es sorprendente la manera en que un semblante se ajusta a una personalidad. Es por eso que odio mi expresión como muchos otros. Por eso necesito reflejarme en los ojos de otro, como en un espejo, para conocerme. Porque no sé quién soy. A veces me miento, me convenzo de que puedo ser descrito con palabras. –Eres infeliz. Tienes un trastorno, estás enfermo - me digo. Pero no, los vocablos no se ajustan a las cualidades referidas. Toda esta palabrería inútil en mi cabeza no me ayuda a comprenderme. Hace exactamente lo contrario: complica las cosas. El tiempo se esfuma con tan fructíferos pensamientos en la oficina. Es así como mi vida transcurre normalmente. Uniforme, estúpida e inútilmente.
3.00 PM Lunch Time. 45 min. Salgo de mi cubículo y me dirijo a una pequeña especie de restaurante que está cerca. El lugar es horrible, insalubre. Alcanzo a percibir un aroma anormal, pero no importa la comida es deliciosa. La mayoría de mis compañeros están ahí, muy animados. Comer es un evento de mayor magnitud en la existencia humana, la gente se alegra momentáneamente, en nuestro sistema nervioso central se liberan las substancias adecuadas para que así sea; es casi como estar drogado, los paladares se atestan con saliva, los estómagos vacios pretenden llenarse atiborrándose de comida, las pupilas se dilatan… Definitivamente no es un espectáculo muy agradable. Se puede respirar una felicidad más o menos insana en el terreno. A pesar de todo, hay que alimentarse. ¿No? La necesidad es siempre imperante inagotablemente tentadora. –El hambre no solo es menester, es además deleite, placer- incisivamente me recuerdo. La voluptuosidad del dolor. De pronto me invade la sensación de culpa. Un sujeto me empuja y me hace dejar de lado instantáneamente mis reservas. Farfulla en broma (creo) algo sobre mi ineptitud. Sonrió o trato de hacerlo. Mi rostro se deforma. Creo que le asusto. Nos sentamos en bancos alrededor de una barra que rodea lo que parece ser una cocineta. Yo tomo un lugar no muy cerca de nadie. Ninguno habla conmigo, o no mucho. Se forman grupos relativamente homogéneos. Pido un pedazo mediano (200gr) de carne magra y veo como el pequeño tipo con aspecto asiático la deja caer en una especie de sartén con aceite hirviendo. El golpe desprende una fumarada, el olor es nauseabundo, no puedo evitarme pensar en la suculencia del platillo. Atrás del tailandés hay otro cocinero, y al otro extremo en la caja un pequeño hombrecillo con rasgos también orientales. Todos le dejan en paz. Nunca habla, su rostro es también silencioso. La mayoría lo creen retardado. Podría ser un genio. Su vida como la de muchos otros no es muy atractiva. Se sienta cerca la máquina registradora mirando serenamente el vacio, impávido, mientras la TV cerca de él vomita su mierda. Su lugar es el único rincón apacible en el establecimiento. Engullo vorazmente el trozo de carne con un poco de arroz y salsa puesto frente a mí mientras observo la televisión: noticias, el perpetuo recordatorio de nuestra miseria y la de nuestro mundo. No disfruto mi comida siquiera, la trago velozmente, se que más tarde me provocara indigestión. Antes de irme pago la cuenta. El pequeño hombrecillo mudo toma mi dinero, lo observa, me observa, y pronuncia las siguientes palabras:
El castigo es proporcional al pecado.
¿Pero cuál pecado?
El único pecado es haber nacido.
Luego el castigo será enorme.
Me es arduo casi imposible regresar a trabajar. El tiempo en la oficina pasa lento pero sin relevancias. El día va consumiéndose dirigiéndose irremediablemente a su ocaso. Los cuartos van vaciándose. Algunos se dicen adiós. Alguien apaga la luz. Me encuentro sólo de pronto en la penumbra. Salgo ya muy tarde del edificio. El paisaje que veo es de una belleza execrable. -Las masas de aire frio nos aplastan y el calor nos abandona, el gélido viento que me azota es una consecuencia de ello-, susurro como sofocádamente. Maldigo mi existencia corpórea y a dios cautelosamente, en vano. Mi cuerpo es un recuerdo constante de mi flaqueza. Su decadencia es gradual pero perpetua, consistente. Puedo confiar en que su incompetencia será cada vez mayor. En ese momento quisiera morir. No sé cómo regreso a casa. Involuntariamente supongo.
Me encuentro en el balcón de mi apartamento, es tarde ya, la noche es blanca, los melancólicos estratos en el cielo me recuerdan el frio y el silencio a mí alrededor. Pienso lentamente casi satisfecho en la inutilidad de mis esfuerzos y rápidamente me dejo cautivar por la idea de escuchar un poco de música. Entro y busco algo propicio [Dvorak] en el operador y le doy play. El sonido satura el ambiente de golpe y para sorpresa mía me encuentro de pronto con esta sensación en mí. ¿Alegría? No, no es posible. Un poco fastidiado me abandono al efecto de semejante trastorno. –Esto es casi una fiesta- me digo a mi mismo casi como para ocultar la soledad que me rodea. Miro mi cuarto /un espacio inundado de caos, ecos y sombras triviales/, las paredes que me envuelven y me atrapan, y rio sin mucha convicción, rio con auténtico convencimiento. “Solo el hombre sufre tan profundamente en la tierra que se ha visto obligado a inventar la risa “. El rictus de mi cara se desvanece lánguidamente con la cita. La situación tiene un aire como de tragedia. De tragedia mediocre, no de la verdadera tragedia griega, nietzscheana. Medito en la hermosa Melpómene ligeramente, con burla. Cedo. Cerca de la ventana por la que se filtra la muy necesaria luz hay una mesa y en ella unos cuantos libros. Hamsun, Landau, Beckett, Foucault, etc... Ninguno de ellos terminado. Tarea que me recuerdo irrealizable, inhumana. Tomo uno de ellos y leo negligentemente el titulo> Malone meurt. Retrocedo resignado mientras reflexiono irónicamente en la inefable superioridad de la nada. In vacuo. La laptop expulsa metódica y bestialmente su ruido, la oscuridad se vuelve más profunda, mi desesperación más impalpable. Busco mi pipa y un encendedor. Antes de hacer arder la celulosa reflexiono mis actos, especulo; sin embargo el resplandor de la flama evita en mí de pronto cavilaciones tan infaustas, restituye en mí la áspera esperanza. El humo se eleva conmigo hacia lo etéreo.
14.7.08
Life is cruel and terrible.
(giving up again).
Nothing to be done.
Why the big game? One day up, the next down. It’s a wonder people aren’t running through the streets, screaming, shooting guns into the air, shooting guns at each other. I went to sleep happy, and woke up horrified. Again, fooled. Lied to. Cheated. Scammed. The minute you think you can relax, let down your guard, you can’t, you just can’t. What the hell was I thinking? I should have seen it coming. She smiles at him like nothing’s happened. Good for her. Dammit, the first time I saw her I knew it would end horribly.
Happiness = Sadness. Ad infinitum.
I want, I need, I ache so much that it’s killing me. I’m already dead inside. Hollow. Empty. Gone. I don’t want things from people, reminder, souvenirs, photos. Pain. Nothing but pain. That’s what I feel when someone gives me something. Even a compliment. It cuts me like a stinging exacto blade, straight up the gullet. Please stop it. Stop paying attention to me, stop being kind to me, stop wanting me. Everyone always wants something these days. I look at the neat little hole I’ve dug and I just want to crawl inside, cover myself in warm dry crystals and just stop. Stop breathing, stop thinking, stop hurting, stop wanting. I’m scared. I’m cold.
I envy you, the worst is over, now there’s nothing but rot and rebirth. Rot and rebirth. A new day, more want, more pain, more agony, more death. Where does it end? It doesn’t end. An eternity of confusion and uncertainty. Vertigo. I feel like I could just blow away. I wish I would. The brilliant sun is lowering, it stings my eyes but I like it. I’m shaking. I must look horrible; I know that when I cry my face goes all puffy and my nose and eyes turn shiny red. I don’t care, let everyone see the wreckage, the horror, the horror. I’ll walk all the way back down and when I land I have a sneaking suspicion there’ll be more drugs & drinking. And trouble. Isn’t there always?
11.7.08
Eine Isolation
ni encontrará jamás.
Voltaire
Encontró no muy satisfecho una banca -dura, insensible, muerta- y se dejo caer sin mucho convencimiento en ella. Así eran las cosas: terribles e inhumanas, indiferentes. Nada se podía hacer. El hombre no estaba hecho para el mundo. Pero el ahí estaba, solo y abandonado, y los minutos pasaron. La noche se podía intuir fácilmente, el parque se encontraba vacío, casi desolado. ¿Cuánto tiempo había transcurrido? Lentamente se recupero de su letargo, podía sentir su muerte intensa y profunda, pero la sabía tan lejana aún.
-Una existencia más- pensó -buena pifia-.
Miro a su alrededor indolentemente y con sorpresa advirtió una libreta seguramente olvidada. Hojeo entre sus páginas y leyó:
Detritus.
Una incómoda sensación le embargo. No habría clemencia ni piedad para el hoy.
Mañana, tampoco. Llovía.
22.3.08
Sui Caedere
de antepasados que llevaron la curiosidad de existir hasta la ignominia.
E/Cioran.
Sin significado, sin importancia, perfectamente irreal y perfecto en sí mismo. La renuncia es la única variedad de acción no envilecedora.
Perfect detachment is without regard, without either lowliness or loftiness to creatures; it has no mind to be below nor yet to be above; it is minded to be master of itself, loving none and hating none, having neither likeness nor unlikeness, neither this nor that, to any creature; the only thing it desires to be is to be one and the same. For to be either this or that is to want something. He who is this or that is somebody; but detachment wants altogether nothing. It leaves all things unmolested. [Meister Eckhart]
Desapego. Palabra prohibida para el común de los mortales. La vacilación ante todas las evidencias es permanente; la ambición (la esperanza) inextinguible. Quisiera desaparecer, gradualmente, pacíficamente, sin funerales ni lágrimas, sin causar dolor ni controversia, pero es imposible; el régimen exige un mínimo de dolor y sufrimiento. La muerte, como todo, no está exenta de esa cualidad ubicua de la existencia: He de desvanecerse en el rojo de la sangre y en lo inconsolable de los sollozos. Sabiéndome egoísta y cruel, causando una impresión desoladora, y triste.
La traición del suicida pesa sobre cada uno de los mortales enormemente, es la desaprobación, la imprecación del mundo que ellos profesan y avalan. Recordatorio infausto y fúnebre de todo verdadero destino. ¿Por qué tantas divagaciones? ¿A qué se debe esa cobardía, esa perpetua postergación de lo impostergable? Morir sin más, sin toda esa farsa que involucra vivir una vida, esta o cualquier otra, esa misma vida que cada hombre vive siempre. Raíces hondas de ese pensamiento profundo repulsivo y grotesco del eterno retorno se asientan en mí. ¿Qué crímenes tan terribles e inexcusables cometí en mis otras vidas para nacer en esta? Soy, pero a un costo muy alto: seguir consumiendo. Mi vida como tal, -si aceptamos todo misticismo puro (budista, cristiano, hindú, etc.) que pregona la supresión del deseo- no se dirige hacia la perfección absoluta hacia la liberación, en cambio parece por el contrario que alcanza grados más abyectos, dirige su curso hacia la degradación: indiscutible termino de cada vida. Existen los santos, dicen. Nunca he visto uno. Instantes de santidad, quizá, pero nunca al termino de los efectos de ese éxtasis que se consume, de esa ilusión intoxicante. Además en general, como en toda embriaguez, los efectos se redujeron a un individuo, a mí, los otros permanecieron inmutables tan desagradables como siempre.
En este preciso momento merezco morir. El odio que experimento es insoportable. Contengo como todo ser dos facetas antagónicas e incompatibles; por una parte preciso del amor eterno, por otra aborrezco de él. Defiendo las causas más puras, solo para cometer las acciones más envilecedoras después. El santo más puro esconde en si la maldad más sublime. El amor más pulcro contiene dentro de sí al odio más brutal. Cuestión del Ying y Yang. Equilibrios incompresibles. En mi caso la ponderación se muestra perceptiblemente inclinada hacia un lado. De el sufrimiento como camino a la perfección: toda irregularidad, todo desequilibrio debe desaparecer. Pagando claro.
No moriré hoy. Soy, como Cioran* dice, ese heredero de la necesidad de mi especie que busca vivir hasta los límites de la infamia.
16.2.08
The lost innocence.
de aquel Cesar con alma de Cristo Nietzscheano,
por Cioran>
Judas con alma de Buda.
Una vez reconocida la cepa de la degradación y la maldad en un nuestra persona, todo está perdido. La culpabilidad recae sobre uno y sobre nadie más. Suponerse nacido diáfano e inmaculado es un desvarío intelectual; La ilusión de una inocencia perdida es siempre una especulación banal y perversa. Utopía por excelencia, dirige nuestros esfuerzos hacia la virtud y hacia el bien. No obstante ninguno conoce y/o comprende el concepto, tal como con Mefistófeles que procurando hacer el mal, hace el bien; nosotros, ciegos al orden cósmico, procurando lograr el bien, forjamos el mal.
Todo acto es una modalidad del egoísmo. Manifestación concreta y extrema del comportamiento humano, formula su esencia. Me defino por mis actos, -incapaz de transformar mi naturaleza, me limito a ella-, y procedo de acuerdo a mi carácter.
Libertad de arbitrio, individual. ¿Hasta que limite?
Mis jornadas –agotadoras e inútiles - se rigen por mis inclinaciones. Inconsciente de mis cualidades me conformo a partir de ellas. Pulsaciones ocultas revelan instante a instante mi destino; innegable e insulso.
Why is it that, in spite of all the mirrors in the world, no one really knows what he looks like? *
Perdido el sentido de libertad, abandonada toda posibilidad de cambio, basta esperar (o conformarse con) una muerte placida y laxa. Atonía del determinismo.
The curse of vulgarity puts men on a par with the lower animals, by allowing them none but a generic nature, a generic form of existence. *
Una vida de soledad, carente de genio y de dulzura, eso me espera. Tosca y ordinaria, plagada de bastos y simples menesteres. Además, el conocimiento de mi culpabilidad: aferrándome ciegamente a algo que no me explico; avalo aquello que me transtorna; afirmo mi enfermedad.
-¡Hacia adelante!, sin miramientos- Exclaman. Hace tanto que han (que he) extraviado el rumbo. Se necesita de ingenuidad para sortear adecuadamente todo inconveniente. Idealismo y esperanza, bastante voluntad, e ingentes cantidades de convicción. Ante todo: certeza ciega: fe. Fe en la nada, estupidez deliberada y concisa en la nulidad. Un anhelo más allá de la vulgar ambición, una aspiración modesta y precisa, exacta hasta lo matemático que busque la esencia de la no-esencia. Una fe, carente, libre de creencia: La mirada omnipotente y astuta de un santo desengañado, el temperamento de un personaje beckettiano.
28.1.08
Psicópata.
pathos: dolor, enfermedad, sufrimiento)
después, cuando hemos ido demasiado lejos,
para perdernos en el pesar de nuestra evasión...
E\Cioran.
Camino solo, sin rumbo. Soy el hombre más feliz por siempre jamás. No importa ya nada. En mi pueblo existía una vieja creencia: Si lo tienes, repúdialo, si careces de él, deséalo. Hay un libro abierto en un llano frente a mí, lo abro aleatoriamente mientras miro las embaucadoras imágenes, y leo:
Mi inteligencia: proceso creativo de insospechados y desagradables efectos: La ilusión del ego: divinos dones se asientan en mi. Ahora lo asumo y lo poseo; el suplicio rumiante de mi penitencia es mi lucidez. Suficientemente perspicaz para comprender, incapaz sin embargo para (no) actuar, soy demasiado incompetente para asolarme como timorato hostil y roñoso. Tal como diría Calvino, Dios creó el paraíso solo para una élite ínfima, el infierno para todos los sobrantes. Divinidad inclemente e implacable, de arrebatos, de exigencias arrogantes y laudables. Mi mesías, demiurgo redentor más conveniente que nunca para la adoración y la zalema; excitante y pasional; Yo, esa abundancia redundante e infundada, inagotable. No trates de ser y serás, reza un proverbio maldito. Apodíctico evidente. La subsistencia consiste fundamentalmente en lograr reducir las necesidades a lo minúsculo o a lo imperceptible. Proceso inútil y simple. Nimio.
Justificar nuestra existencia no en un plano ya metafísico, sino al menos en el vulgar y corriente orden social presente, es en toda instancia una cuestión imperativa, y difícil sin embargo. Ante todo, ser ético. Más vale la muerte, a una vida pobre y miserable, frecuente y prosaica. Antes no vivir, a aceptar la podredumbre impuesta por una realidad sórdida en sus haberes. El suicidio, un acto trivial por sí mismo, representa la desesperación, el hambriento deseo de nulidad y a la vez de trascendencia, de liberación. Decir, sí, a un instante de la existencia, es afirmar la existencia toda; Cabria agregar además, un solo momento osado es también suficiente para maldecirla completa.
Progreso, enuncian. ¿Pero cómo? Todo conspira en mi contra. Nuestras vidas, siempre disimuladas, y sin embargo patentes, transcurren todas hacia un solo punto. Hay primero que convencerse de una importancia, dejarse engañar, adoctrinarse. La ordenanza es inapelable: Toda tradición es incuestionable e indiscutible. Lamentablemente lentamente los días transcurren, uniformes y sin una triza de certidumbre. La costumbre no sirve sino para propiciar la desidia y la miseria contenida en cada uno. La apatía se erige como virtud. No vislumbramos nada, empero profesamos todo. Un ensueño, una ofuscación, una apariencia; ´El valor de la existencia descubierto en el mero acto de resistir´ dijo Camus ya hace tiempo, patético residuo de nuestra complacencia. Persistir, vil y llanamente, tal como al principio con la primera bestia. Partamos de la premisa de la supervivencia y la reproducción…
Estoy destrozado, hecho mierda. Mi cuerpo decae y con el inevitablemente mi (supuesto) espíritu. Y no importa, en verdad que no importa, dadas las peores condiciones, el humano, empero sigue deseando. Cretino anonadado por imprecables ansias, no acredita la compasión, sino la lástima.
Esa multitud allá fuera. ¿Es que soy tan débil? Si. Si lo soy. Nada, más que odio y melancolía se asienta en mí. Tristeza y engreimiento, eso me conforma. Y el rencor; esa amargura por el desengaño y la desilusión, tan profunda, fatal. Quisiera levantarme, lamentarme, y llorar; pero no puedo, me conformo con el reproche inútil. El quejido molesto y lastimoso de un ser endeble y enfermo. Y el forzoso aborrecimiento…
Por supuesto no soy inconsciente de mi condición actual: Una irrisoria situación me atormenta. Incapaz de satisfacer mis deseos, traduzco esa insatisfacción en aversión, en tirria, en desprecio. Esta situación se repite interminablemente en cientos de hombres. Entonces ¿en donde radicaría mi originalidad? Repitiéndome incesantemente esa pregunta, no sólo descubro una desagradable e incómoda verdad, -la vulgaridad de mis sufrimientos-, además me reconozco fútil, innecesario. La necesidad de placeres, y su búsqueda, su obtención en los sitios, en las situaciones más inmundas e inconcebibles. Y ese apetito grotesco a pesar de todo.
Sobraría decir que los placeres que experimento son tan risibles como mis aparentes sufrimientos. Nunca me he propuesto asceta, carezco de las cualidades necesarias para serlo. Empero estoy bastante consciente de las trampas y peligros de desear, de sus consecuencias. Más instruido en los tormentos y pesares del deseo, ignoro la agonía del no-deseo. Sobre esta perspectiva me establezco en igualdad con los otros bajo una posición sin embargo diferente. Adquiero mi vanidad en calidad de visionario de lo absurdo y de la indiferencia (perdida), y me delecto en la meditación infausta de la desgracia e indigencia humana, en el análisis de mi mismo.
El principio de placer, según Freud, regula el decurso de los procesos anímicos por medio de una evitación de displacer o una producción de placer, esto es la cantidad de excitación presente en la vida anímica: el displacer corresponde a un incremento de esa cantidad, y el placer a una reducción de ella. Mi gozo y especialmente mi malestar se reducen entonces a una fórmula: vitalidad excesiva. La ausencia de estímulos es placer máximo.
Perfecciono mi odio, sistemáticamente, sin prisas. Un homicida nace en mí. Quisiera asesinar a alguien, o a todos. Destruir y destruirme en un arrebato de clarividencia. El suicidio siempre la opción más fiable y estéril…
Por supuesto todo esto es jactancia inmodesta. Ya dijo alguna vez Schopenhauer:
"Imaginad suprimida la fuerza pública, sea, quitado el bozal. Retrocederíais con espanto ante el espectáculo que se ofrecería a vuestros ojos; espectáculo que cada cual se figura fácilmente. ¿No basta esto para confesar cuan poco arraigo tienen la religión, la conciencia, la moral natural, la bondad y el amor humano, cualquiera que sea su fundamento?"
Hay miles (o millones) como yo recorriendo, taciturnos, las calles, a la espera más o menos prevista del momento indicado. Es menester ya solo que la desesperación desborde, y que la sangre corra.
19.12.07
Desánimo.
and to myself become an enemy.
(SHAKESPEARE, Richard III.)
Me hiere la idea de estar solo. Y sin embargo no me importa. Estoy rodeado de personas. Conocidos anónimos, con vidas ocultas como la mía. Rostros que reconozco todos los días, inexpugnables. ¿Qué pensamientos llenaran sus cabezas? ¿Cuál será su excusa, su disculpa para justificar su existencia? Es sencillo imaginarla> No tienen ninguna. Viven atareados, embrutecidos por las necesidades, los deseos.
¿A qué conclusión puedo llegar?
La estupidez humana no tiene límites, al menos eso dijo alguna vez Einstein, es infinita. Semejante afirmación invita inevitablemente a la desidia. ¿Qué puede ser de un hombre agobiado bajo el peso de semejante verdad, y que día tras día tiene oportunidad de confirmarla? La respuesta más factible por supuesto es la indolencia o la desesperación. Sin embargo no descartemos tan rápidamente la profundidad de esta sentencia. La estupidez en cada hombre tiene raíces tan abismales que, sin importar toda la evidencia acumulada en una vida, la suma toda de su experiencia no es suficiente para evitar que el sea participe activo de ella.
Desear. El acto más infame en la historia de la humanidad. La más simple alusión al querer nos compromete. Nadie puede justificar una posición inconforme ante la vida sin una bala en el cráneo de por medio. Las palabras y las letras no son más que una patética exhibición de descontento insulso. De nuestra garganta no deben surgir voces, sino gritos, estertores agonizantes como reclamo valido a nuestra insatisfacción. Si al menos estuviéramos seguros de nuestros anhelos, por otra parte… La vida como fenómeno presente es insoportable, solo en la idealización de un [(mejor)] futuro podemos tolerarla. No deseamos morir, eso es seguro. Hace ya tanto que hubiéramos completado la tarea.
Hay pocas cosas que inspiren tanta pretensión del humano como su cultura, su inteligencia. El humano estúpido tal cual es, no es más que un animal. Un simio y nada más. Carece de origen y/o destino divino. La especie completa podría desaparecer y con ella toda su fatuidad, y el cosmos permanecería inmutable. En todas sus facetas el humano es capaz de caracterizarse por esa presunción absurda. Desde el individuo más insignificante hasta un complejo organizado como lo es un estado, una raza. Todos nos creemos importantes… Intrínseca petulancia, pestilencia del ser.
Existen cientos de filosofías, religiones, perspectivas, revelaciones, que reclaman la solución al problema de la vida (¡¿qué problema?!), que proponen un Weltanschauung. Pero deberíamos tomar en cuenta que una pregunta abierta, como lo es el sentido o importancia de la existencia, nos permite plantear cualquier respuesta por absurda o incoherente que pueda ser. Cualquier vulgaridad, imprudencia, o sandez puede ser formulada para su solución.
En ningún momento el hombre es tan engreído como cuando se atreve tímida o jactanciosamente a exponer una solución a esta interrogante. El momento cumbre de su estupidez es este, o quizá más probablemente aquel en que se convence, o convence a los otros de la autenticidad de su tesis, de su alegato. Es como si en ese momento fuerzas ocultas, prepotentes, terribles, se burlaran de las capacidades intelectuales del hombre, permitiéndole el recurso a la imbecilidad para salvaguardarle de la astenia producto del nihilismo.
Es claro también, que no nos importa la verdad. En la medida en que una mentira se ajuste a nuestras necesidades la preferimos sobre la franqueza. Es así como logramos sortear la consciencia de nuestra nulidad.
“En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inaudito como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad.” [2]
Estupidez, mentiras, necesidad, pedantería. La existencia está repleta de podredumbre. Basta una mirada a las ciudades, parodias patéticas del infierno. Y el humano ¡ay el humano! El pobre infeliz condenado a sobrevivir en ellas. Y sin embargo el grotesco apetito, la insana avidez de vida por encima de todas las evidencias. El deseo es inmortal y universal. La libido es suficiente para excusar la abyección humana, la bajeza de su condición, lo inconcebible e insoportable de su situación, la ambición suficiente para condenar al hombre al fracaso. Se dice de los epilépticos que durante el clímax de sus convulsiones alcanzan una revelación ignota para el humano promedio: Todo está justificado, la miseria, el odio, el sufrimiento, la perfidia, la ignominia, la perversión, la estulticia, todo está justificado. Lástima que tal conmoción sea solo fugaz y efímera.
“Lejos de consolar al desesperado, el fracaso de su desesperación para destruirse es, por el contrario, una tortura que reaviva su rencor, su ojeriza; pues acumulando incesantemente en la actualidad desesperación pasada, desespera de no poder devorarse, de aniquilarse, ni de deshacerse de su yo.” [3]
Coqueteamos con la imagen de un suicidio, con una autoinmolación tan atroz como la de un esquizofrénico, con la idea de una apoteosis trágica para esta vida fútil y vana, y no logramos nunca abstraernos de las palabras y de la realidad. Nada tan sencillo como un suicidio, nada tan natural y nada tan inconcebible empero.
[1] Brevario de Podredumbre. Emile Cioran.
[2] Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Federico Nietzsche.
[3] Tratado de la Desesperación. Søren Kierkegaard.
